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MILAGRO DE VIDA
Impresionante testimonio de cómo Dios salva del cáncer a una niña y la conversión de su padre.
Mi nombre es Víctor Claudio y nace de lo profundo de mi corazón el deseo de compartir mi testimonio, dándole gracias a Dios por esta oportunidad y rogando que pueda servir para que día a día nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo se fortalezca.
Obedeciendo al mandato bíblico de Marcos 5:19: "vete a tu casa y a los tuyos y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo y como tuvo misericordia de ti", procedo a contar mi experiencia para gloria y honra de Dios.
Desde mi niñez hasta los 15 años de edad, fui criado en una iglesia evangélica donde me sentía muy contento. Pertenecía a la sociedad de jóvenes pero un día fui reprendido de mala forma y sin razón alguna. Esa situación me llevó a tomar la peor decisión de mi vida, darle la espalda a mi Señor y nunca más regresé a la iglesia.
Fui a parar a un triste mundo pecaminoso que no conocía. Fue pasando el tiempo, más de 30 años, y convertido en hombre, mi vida fue de fracaso en fracaso llegando hasta el punto espiritual que dudaba de la existencia de Dios.
El día 13 de marzo del 2000, recibí una llamada telefónica desde Puerto Rico que me notificaba que a mi hija más pequeña, de nueve años, le habían diagnosticado cáncer. Después de recibir tratamiento, el 12 de mayo del 2001 recibí una llamada del médico de Puerto Rico quien me decía que mi hija tenía que someterse a un tratamiento más efectivo en los Estados Unidos; de no ser así, le daban menos de seis meses de vida. Después de varias gestiones, mi hija fue aceptada en el “St. Joseph Hospital” en Tampa, en la Florida.
Después de evaluar su condición, me notificaron que harían todo lo posible pero su condición estaba muy avanzada y no podían dar ninguna garantía. Después de un agresivo tratamiento que incluyó transplante de médula ósea en el “All Children Hospital” en St. Petersburg, mi hija seguía empeorando y el día 27 de junio del 2002, me dieron la peor noticia: que ya no podían hacer nada por ella, que me tenía que preparar para lo peor pues sólo le quedaban días de vida.
Ese día, cuando regresé a mi hogar, le conté todo a mi madre. Siendo una fiel cristiana toda su vida, mi madre confiaba en Dios y se fue a orar. Yo estaba decidido a terminar con mi vida pues no podía soportar el dolor de ver como mi hija moría y no se podía hacer nada. Esa misma noche mi madre me preguntó por qué yo lloraba y me dijo que para que yo tuviera paz en mi corazón tenía que sacar esas raíces de amargura. Yo le contesté:
“Mira mami, no me hables de Dios; si él es tan grande, amoroso y poderoso entonces ¿por qué permité que pasen estas cosas?”. También le dije que ni Dios, que bajase del cielo me sacaría esto de mi vida, a lo que mi madre sólo me dijo: "Lo único que te deseo es que algún día te arrepientas de esas palabras".
Esa misma noche, como a las diez, entré al cuarto de mi hija y después de apagar la luz y el televisor como de costumbre, le tomé la mano mientras ella dormía. Les tengo que confesar que yo me reía de la gente cuando decía que Dios les hablaba o les mostraba, pero esa noche en mi desesperación, con un grito del alma le reclamé a Dios diciéndole: "Dios mío, ¿por qué tú me quieres llevar a mi hija?, llévame a mí primero y permite que ella viva; ya yo he vivido bastante y ella está empezando a vivir. Toma mi vida por la de ella y haz con mi vida lo que tú quieras”. En ese instante, en la soledad del cuarto, yo escuché una voz que me dijo: "No es tu tiempo ni el de tu hija". En ese momento me di cuenta que estaba de rodillas y de un salto me levanté y busqué por toda la casa; no encontré a nadie pues mi madre estaba durmiendo.
Luego, cuando fui con mi hija la próxima semana al médico, después de los chequeos, me dijeron que tenían que tomarle una segunda muestra porque creían que la máquina había dado un resultado erróneo. Después de esto, yo estaba muy nervioso y le pregunté al médico qué pasaba. En ese momento me mostró los resultados de las últimas semanas junto con los de ese día y me dijo: “Medicamente no te puedo explicar pero la enfermedad de tu hija está retrocediendo”. Hoy en día mi hija tiene 16 años y está completamente sana. ¡Gloria a Dios!
Yo traté de seguir mi vida normal pero algo que no entendía estaba pasando dentro de mí. Traté de escuchar programas religiosos pero no me llenaban y estuve así poco más de un año. Luego, mientras escuchaba mi programa musical de radio favorito, escuché una música diferente y para mi sorpresa era un programa cristiano,"REVELACION”, pero no me gustaba porque me interrumpía el programa de salsa que yo escuchaba.
Sin embargo un sábado, mientras guiaba mi camión y escuchaba la salsa vieja que tanto me gustaba, encontrándome listo para cruzar una intersección muy transitada en Tampa, empezó ese programa cristiano. Comencé a cruzar la intersección mientras planeaba cambiar de estación radial, cuando las primeras palabras del pastor Rolando de los Ríos fueron: "Tú, mi querido radio oyente que en este momento estás pensando cambiar la estación o apagar el radio, aunque apagues el radio o cambies de estación, Dios te seguirá hablando porque él tiene un propósito en tu vida”. Eso me dejó tan confundido que no pude hacer nada; no podía creer como este pastor sin conocerme, sabía lo que yo quería. Seguí escuchando su predicación por más de un año y hasta le pedía a Dios que me permitiera conocer a este pastor algún día.
Un sabado, mientras escuchaba el programa de radio de este pastor, al final él dio un número de teléfono para llamar para información lo que resultó ser su número privado del celular. Logré comunicarme con el pastor de los Ríos en persona y fui a la campaña que estaba conduciendo. Me reconcilié con el Señor, contraje matrimonio con Gladys González con la cual convivía, me bauticé y tomé la decisión más importante y sabia de mi vida. ¡Hoy le sirvo a mi Dios!
Víctor Claudio es actualmente representante del programa Revelación en el área de la Bahía de Tampa, en la Florida. Si desea comunicarse con él, llame al (813) 759-0385, ó a Victorlclaudio@aol.com.
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